Un desafío muy, muy fuerte que acabo de pasar. Hace como tres años empecé a orar, a tener más fe, más paciencia, más perseverancia. Iba seguido al Templo, cada vez que iba dejar los nombres y le pedí al Padre, ahí. Y le decía, le preguntaba yo no quiero irme de esta tierra sin tener a mis hijos que se perdonen. Ellos no se llevaban, tenían ya como tres años que nos hablaban ellos. Y precisamente mañana van a tener va a tener ocho días que ocurrió y vi ese milagro. Vi como mis hijos uno al otro se abrazaron, se pidieron perdón llorando se decían: “perdóname, perdóname, no, tú a mí”. Entonces desde ese momento, a partir de ahí, en mi casa, en la casa de ustedes, reina una paz y una tranquilidad tremenda. Llegó una vecina a la casa y se sentó y dice: “ah qué tranquilidad”. Me quedé muy tranquila porque ya tenía tiempo que nadie decía eso. Y eso que ocurrió es por perseverar, ser paciente y esos tres años yo ni vi cómo pasaron. Pasaron muy rápido, es es uno de los retos y desafíos que… y milagros pues igual también hay milagros en mi vida.
Les voy a contar uno de esos también. Hace años cuando una de mis tías, hermanas de mi mamá, falleció y pues yo tenía que ir pues porque era hermana de mi mamá, pero al mismo tiempo yo sentía que algo me decía que no fuera, que no fuera y yo terca dije no, tengo que ir. Y yo fui. Pasó un carro y yo me subí al segundo, carro de pasaje y cuando deje pasar ese camión, yo iba en el segundo y vamos pasando y el carro estaba a medio pantano.
Y luego donde yo iba, empezaron a dos borrachitos a pelearse, yo en medio de ellos y saca uno de ellos una navaja y empieza a querer navajear al otro y yo así me defendía. Y recibí varios navajazos, aquí, pero ni un navajazo me llegó a la piel, nada. Llegué a la casa de mis tías, cuando me vieron y dijeron: ¿pues qué te paso?